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« Homilía de Mauricio Zúndel en San Mauricio, en 1953 (Inédita). Se añaden títulos y citas.
Resumen: Un retiro es ponerse en manos de Jesús, es un nuevo comienzo, una marcha en confianza, a imagen del viajero sin equipaje que no se carga con el pasado.
Sacudir el polvo de las sandalias
En El viajero sin equipaje, Anouilh nos presenta un hombre que perdió la memoria y fue internado en un asilo. Por 17 años, fue imposible saber a qué familia pertenecía. Por fin, un día su familia descubre su foto y viene a buscarlo. Llega a casa después de una ausencia de 20 años. No reconoce a nadie, y lo primero que hace la familia es recordarlo lo que había sido, el deshonor en que los había implicado. Tres años de guerra, una herida que le quita la memoria y, después de 20 años, en vez de ayudarle, todo lo que saben hacer es revestirlo de su antiguo yo, sin dejar de recordarle ni una falta, ni una tontería. Todos se encarnizan en ponerlo 20-25 años atrás, cuando ahora es totalmente nuevo, y podría volver a comenzar. Lo ponen de nuevo en la vida miserable y cuando su propia madre lo acusa, él pregunta: “¿Entonces, nunca les di un motivo de alegría? ” a lo que su madre responde: “¡No! ¡Nunca!” ¿Qué vino entonces a hacer en su familia, si solo vinieron a buscarlo para negarle toda confianza e impedirle comenzar de nuevo? Comprende que es totalmente inútil permanecer en la familia donde no tiene puesto y escucha la invitación de un joven adolescente que está buscando ternura y afecto y se dice: “Aquí hay alguien que me necesita.”
Esta pieza parece una parábola que es útil meditar al comienzo de un retiro. No se trata de rehacer los pasos, sino, al contrario, de entrar en el retiro sin ningún equipaje, con un alma totalmente dada en ofrenda a Dios para realizar en su luz lo que Él mismo nos mostrará. Es la disposición fundamental a que nos invita nuestro Señor: reposarnos de nosotros mismos, en Él.
Para volver a comenzar, ponernos en manos de Jesús
Nada es más abrumador que el peso de nosotros mismos, y nada mejor que reposarse en Dios. La gracia que vamos a pedir es la de ser viajeros sin equipajes, que dejen atrás todo lo realizado hasta ahora, se pongan a escuchar al Dios vivo y se alegren de comenzar de nuevo.
El Evangelio de san Juan nos da el sentimiento cálido del encuentro de los Apóstoles con Jesús. Ustedes recuerdan la escena en que el evangelista cuenta que estando con Juan el Bautista, del que habían sido discípulos, y viendo pasar a Jesús, Juan les dijo: “Este es el Cordero de Dios.” En seguida dejaron al maestro para seguir a Jesús a escondidas, pero Jesús se vuelve y les dice: “¿A quién buscan y qué desean?” no sabiendo qué responderle, dijeron: “Señor, ¿dónde vives?” (Jn 1:38-39) y Jesús les respondió: “Vengan y vean.” Y ese día se quedaron con él. Era la hora décima.
Juan anotó la hora del encuentro con Cristo porque era para ellos la hora del amor. Nosotros debemos entrar exactamente en esta línea, no para entrar en el retiro con tensión y aprehensión, sino con el sentimiento de total libertad, poniéndonos en manos de Jesús. No corremos ningún riesgo si nos ponemos a la disposición de Dios y, como es de una juventud inalterable, nuestra juventud se renovará lo mismo que la de la Iglesia. Esta noche, simplemente vengamos al maravilloso huerto de que habla el Cantar de los cantares, iluminado por los perfumes de la Virgen, para que ella nos lleve a Jesús.
Sin el peso del pasado, ser aspiración libre hacia Dios
Lo que podemos esperar de este retiro es justamente un contacto más profundo, de más confianza, más alegre, con el rostro impreso en nuestros corazones. Nada de mirar al pasado sino una aspiración libre hacia Dios, pidiéndole que pasemos estos días un una sencilla mirada de amor hacia Él.
Seremos viajeros sin bagajes y nos podremos ir de nuevo hacia adelante sin embarazarnos con lo que hayamos podido hacer, pues no se trata de eso. Se trata de volver todo nuestro ser hacia nuestro Señor y dejarlo ser en nosotros lo que él quiere.
Entonces seremos de verdad viajeros sin bagajes y podremos ir de nuevo hacia adelante, sin embarazarnos con lo que hayamos podido hacer, pues no se trata de eso. Se trata de volver todo nuestro ser hacia nuestro Señor y dejarlo ser en nosotros lo que Él quiere.
Conserven esta noche la imagen del viajero sin equipajes, la imagen del huerto del Cantar de los Cantares en que el Señor nos está esperando haciendo la invitación a seguir a Cristo, la mirada sobre Jesús, un simple descanso en él de todo nuestro ser. Él necesita esa intimidad pues se trata de un intercambio de vida entre él y nosotros, y lo primero en el amor es abandonarse al ser que se ama, con la seguridad de que él podrá llevarnos a la realización de lo más joven, lo más sencillo y hermoso que hay en nosotros.