Resumen: El Antiguo Testamento no se debe reducir a un mensaje de terror. Es una pedagogía de Dios para los hebreos que no creían en la vida eterna. El juicio será sobre el amor, él es quien los va a juzgar. El Antiguo Testamento se debe leer a través del Nuevo pues una de las más grandes pobrezas de Dios está en hacerse palabra humana. La biblia es un sacramento, no es un libro sino Alguien.
La Biblia, Sacramento de Jesús
Dios, hay que temerlo
En la escuela Bíblica de Jerusalén me encontré con un sacerdote de Lorena muy competente, muy sabio, muy abierto, de pensamiento infinitamente libre, que me decía sonriendo lo siguiente.
Me lo decía con naturalidad, no porque no estuviera profundamente convencido del amor y la ternura de Dios, pero me advertía que pedagógicamente hay ciertas poblaciones que todavía no tienen la madurez para recibir el mensaje.
Y eso puede ser absolutamente cierto. Pedagógicamente, se puede aceptar otra presentación, provisional, hasta que las almas estén suficientemente abiertas como para escuchar un mensaje que se dirija verdaderamente a la persona.
Esta pedagogía es por otra parte indispensable. Hay que tomar a la gente donde está para llevarla a donde está llamada. Es cuestión de adaptación: hay que saber en qué nivel está la gente y cuál es el lenguaje que puede comprender. Y ésa es la pedagogía que se puede ver aplicada en la sagrada Escritura.
Pedagogía divina de la Biblia
La sagrada escritura contiene cosas que son absolutamente inaceptables para la conciencia cristiana, es decir para la conciencia iluminada por Cristo, por la cruz, por la eucaristía, por el Sagrado Corazón.
La sagrada Escritura contiene cosas absolutamente inaceptables para la conciencia cristiana, es decir para la conciencia iluminada por Cristo, por la Cruz, por la Eucaristía, por el Sagrado Corazón.
Pero esas cosas debían decirse en cierta época porque pedagógicamente eran las únicas que el pueblo podía escuchar. Hay que leerlas justamente con esa mentalidad, poniéndose en el contexto histórico y comprendiendo que Dios hablaba a un pueblo, a un grupo, ya que la Revelación fue dada primero a un grupo, y no a un individuo, o al menos a un individuo para un grupo. Dios se adaptaba al estado de un grupo, y podemos decir que la pedagogía divina obligó su misericordia a adaptarse al nivel de ese grupo.
Por eso, si leen el terrible capítulo 26 del Levítico, primero encuentran las bendiciones para los que guardan los mandamientos y los ponen en práctica.
Y luego, la serie de maldiciones:
« Pero si no me obedecen y no ponen en práctica todos mis mandamientos, si rechazan mis leyes y mis costumbres y rompen mi alianza no poniendo en práctica todos mis mandamientos, yo me portaré con ustedes de la misma manera.
Haré venir sobre ustedes el espanto, epidemias y fiebre, enfermedades de los ojos y agotamiento de la vida. Sembrarán en vano, pues los enemigos comerán el fruto de sus semillas. Me volveré contra ustedes y serán vencidos por sus enemigos; estos los dominarán y ustedes huirán aunque nadie los persiga.
Y si todavía no me obedecen, multiplicaré por siete los castigos por sus pecados. Haré pedazos su fuerza orgullosa, haré su cielo duro como el hierro y su tierra dura como el bronce. Se empleará en vano su fuerza, pues la tierra no producirá nada y los árboles del campo no darán sus frutos.
Si todavía siguen obstinados contra mí, y no me quieren obedecer, multiplicaré siete veces más mis castigos por sus pecados, enviaré contra ustedes fieras salvajes que devorarán a sus hijos, destrozarán sus ganados y los diezmarán a ustedes hasta el punto de quedar desiertos sus caminos.
Y si a pesar de eso no se corrigen y siguen obstinados contra mí, yo me obstinaré también contra ustedes y multiplicaré por siete mis castigos por sus pecados; haré venir contra ustedes la espada que vengará la Alianza. Ustedes se refugiarán en las ciudades, pero yo haré caer sobre ustedes la peste y serán entregados en manos del enemigo.
Cuando yo retire el sustento del pan, diez mujeres bastarán para cocer el pan en un solo horno, y se lo darán a ustedes tasado, de manera que comerán y no quedarán satisfechos.
Si a pesar de esto no me obedecen y siguen obstinados contra mí, yo me obstinaré con furor contra ustedes y multiplicaré por siete una vez más mis castigos por sus pecados. Se comerán a sus hijos y a sus hijas. Destruiré todas sus colinas idolátricas, destruiré los altares de sus perfumes, amontonaré los cadáveres de ustedes sobre los de sus ídolos, y los aborreceré. Convertiré en desiertos sus ciudades, devastaré sus santuarios y no aspiraré más el aroma de sus sacrificios. Yo mismo arrasaré la tierra y hasta sus enemigos quedarán estupefactos cuando vengan a habitarla. Y a ustedes los dispersaré entre las naciones, y los perseguiré con la espada desenvainada. Vuestra tierra será una desolación y sus ciudades un montón de ruinas. Entonces la tierra disfrutará de sus descansos sabáticos mientras dure su desolación, y ustedes estén en tierra de sus enemigos ». (Levítico 26:4-34)
Y podríamos seguir. El tono de esas maldiciones es terrible y qué poco acordes con las promesas del Sagrado Corazón.
Pero en el primer capítulo del libro (primero) de los Reyes leemos lo siguiente:
« Cuando el Rey David se hizo viejo de edad muy avanzada, aunque lo arropaban bien no entraba en calor. Sus servidores le dijeron: « Vamos a buscarle al Rey una joven virgen que le asista, le cuide y duerma con él que le haga entrar en calor ». Buscaron una joven hermosa joven por todo el territorio de Israel, y encontraron a Abisag la sunamita. Y la llevaron al rey »(1 Reyes 1:1-3)
Es pues evidente que la gente que podía pensar que una joven podía servir de cobija para un viejo rey que no lograba calentarse todavía tenía muchas cosas que aprender. Y se entiende que Dios les hable en ese tono, porque están en ese nivel.
Al leer la Biblia no deben preocuparse jamás por el tono que parece tener la voz divina en ciertos momentos. Es solo pedagogía… y sería injusto reducir el Antiguo Testamento a un mensaje de terror.
Al leer la Biblia no deben jamás preocuparse por el tono que parece tener la voz divina en ciertos momentos. Es sólo pedagogía. Se trata de un pueblo primitivo que no es capaz de comprender más que eso y que necesita que lo dirijan por medio del terror.
Por otra parte, eso no excluye en ciertos momentos el amor, como ustedes saben, y sería injusto reducir el Antiguo Testamento a un mensaje de terror únicamente. Pero es verdad que hay pasajes, y numerosos, donde justamente la venganza divina toma formas terribles, y eso es tanto más natural cuando que los hebreos, como ustedes saben, no creían en la vida eterna ».
Jesús, verdadero sentido de las Escrituras
La idea tardía de la vida eterna en el pueblo judío
Sólo muy, muy tarde y en los siglos justo antes de la venida de Nuestro Señor surge en el pueblo judío la idea de la vida eterna, especialmente en el libro de la Sabiduría. Pero hasta entonces, para ellos, todas las bendiciones y todas las maldiciones se realizan en la tierra.
Aunque existía, la vida del más allá era algo muy miserable para todos: era una vida de lágrimas, una vida de sombra, sin luz, sin esperanza y sin religión, ya que con frecuencia el salmista, o los salmistas dicen a menudo: « ¿Quién te alabará en la tumba? Los que descienden a la tumba, a las regiones inferiores, no pueden alabarte », porque allá cesa toda vida real y justamente allá Dios no recibe ningún homenaje.
Entonces, evidentemente, ese pueblo que dudaba de la vida después de la muerte y en el que era necesario mantener cierta rectitud, había que prometerle a la vez bendiciones sensibles y en el terreno más inmediatamente verificable, cosechas, posteridad abundante, poder ver hijos hasta la cuarta generación, y al mismo tiempo había que pintar de rojo las maldiciones, con los más sangrientos colores, para que supieran precisamente que si no se conducían rectamente las consecuencias serían terribles.
Le día de la ira de Dios
Esa pedagogía puede ser necesaria, y hasta ser una forma de amor, pero claro está que ese rostro de Dios es un rostro que el hombre le da y que Dios acepta, para esperarlo.
Por eso, aunque nuestro Señor asume a veces en el Nuevo Testamento las ideas tradicionales y toma el cuadro del Juicio con azufre y fuego, no debemos reaccionar, como tampoco reacciono yo cuando leo el « Dies Irae » (1) de la Misa, el « Dies Irae » que muestra el Juicio con un gran libro y todo el escenario en que yo naturalmente no creo.
Pero no me incomoda en nada recitar el « Dies Irae » que es un magnífico poema y que representa cierta visión conforme con la imaginería de la época en que el poema fue compuesto.
Asimismo, en la famosa escena del capítulo 25 de san Mateo, nuestro Señor pudo retomar el « Dies Irae » corriente de su época, sin darle el peso de su persona, hablando del juez que pone las ovejas por un lado y los carneros por otro diciendo: « Venid, benditos de mi Padre,” (Mt. 25:34) o “id malditos al fuego eterno » (Mt. 25:41).
El amor es el que los va a juzgar
No hay que ver en esa escena una confirmación literal de las terribles amenazas que acabamos de leer y que por otra parte eran de orden puramente temporal. Hay que ver la punta de toda la perícopa, de todo el pasaje de san Mateo. La punta no está en la descripción del Juicio y de sus consecuencias; la punta de la perícopa es: « Tuve hambre, tuve sed, estaba prisionero, estaba desnudo, etc. » Es decir que el Juicio será sobre el amor. Es el amor el que juzgará, es su amor el que los introducirá en la luz, y su falta de amor, su rechazo de amar es lo que creará en ustedes las tinieblas.
Jesús entre dos aguas para llegarle a la gente
En efecto, no hay que olvidar que en cierto modo Nuestro Señor ya estaba en el Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento comienza con la muerte de Jesús. Ahí es cuando se sella en la sangre la Nueva Alianza, ahí es cuando se desgarra el velo, y comienzan los tiempos nuevos.
Hasta entonces, de cierta manera, nuestro Señor es todavía un profeta del Antiguo Testamento y retoma a veces su lenguaje y sus procedimientos, justamente porque « la hora no ha llegado todavía » (Jn 2:4; 7:6; 7:8). Él mismo lo dice además formalmente: « No se mete vino nuevo en odres viejas » (Mt. 9:17).
El vino nuevo brotará, brotará del misterio de Pentecostés. Será en el fuego del Espíritu que brillará toda verdad en el corazón de los Apóstoles.
Hasta entonces, hay que poner un velo, o mejor, hay que conservar el velo del Santo de los Santos, que no podía romperse sino cuando todo estuviera consumado. Y no debe tampoco extrañarnos que nuestro Señor en ciertos momentos hable el lenguaje de los Antiguos, ni que lo veamos ir al Templo, al Templo que será pronto destruido y del que no quedará piedra sobre piedra. Y Él va al Templo, y asimismo se somete a los ritos judíos desde su infancia.
Él no rompe, no rompe con el culto tradicional, no rompe con los ayunos a que se somete toda la nación. Vive a la judía, aunque sabe que todo eso se va a acabar. Igualmente puede recurrir a ciertas descripciones, a ciertas tradiciones por ser corrientes, por formar el tesoro común del lenguaje y porque, para llegarle a esas gentes, hay que encontrarlas donde están.
En el dintel de la Nueva Alianza
En la escena de los vendedores del templo…, se siente que estamos en el dintel de la entrada de la Nueva Alianza, que Jesús ya no puede más…, que está tan infinitamente más allá.
Dijo hartas cosas nuevas y que escandalizaron lo suficiente como para que no nos extrañe que tempere la novedad de su mensaje poniéndose en el terreno de sus auditores.
Pero hay momentos en que ya no puede más y basta con recordar la escena de los vendedores del Templo. ¿Qué significa eso? Ahí se siente que estamos en el dintel de la Nueva Alianza, se siente que Jesús ya no puede más, que si acepta todo eso es por amor, por misericordia, por adaptación, pero que Él está infinitamente mucho más allá.
Él es quien anuncia a la samaritana que el verdadero santuario está dentro de ella. Pero cuando ve que el Templo, el atrio del Templo es un lugar de negocios, cuando escucha los rebaños que balan, cuando escucha los gritos de los cambistas, ya no aguanta más…
Que Dios haya aceptado sacrificios sangrientos, que haya aceptado esos ritos bárbaros y salvajes, que Dios, por misericordia, haya aceptado toda esa carnicería repugnante y la sangre con que ungían los cuernos del altar, pues si el gesto, lleno de piedad, podía significar que reconocían en Él al señor de todas las cosas: ya era un paso hacia su conocimiento y su amor. Pero si no hay más que rito sin intención, cuando no hay sino rito sin alma, entonces Jesús ya no resiste más.
Es como si Dios fuera deshonorado, ofendido en su propia casa. Entonces justamente se arma con un fuete, pero no lo utiliza: su amenaza y su autoridad son suficientes. Hace callar todos los gritos y hace silencio en el atrio de la casa de Dios, para que sepan que los ritos no significan nada si no están animados por el soplo del Espíritu y del amor. « Tengo todavía muchas cosas que decirles, pero ahora no pueden entenderlas » (Juan 16,12).
El alma sabe que el verdadero Dios es todo Amor
Los textos deben leerse con la mirada interior que busca el amor
No nos extrañará pues ver en el Evangelio, al lado de las novedades más revolucionarias y que durarán para siempre, ciertas adaptaciones en función de los auditores y que sólo valen por un tiempo, como las palabras « No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel« , (Mt 15, 24) palabras que serían escandalosas si se tomaran a la letra.
Es evidente que estas palabras significan que durante su misión terrestre, debía limitarse a eso, tenía que tratar primero de atraer al pueblo que pretendía ser depositario de todas las verdades. Quería hacerlo entrar en el movimiento misionero para la salvación del mundo entero, y cuando el rechazo por ese pueblo se hubiera realizado, la Palabra sería dirigida a las naciones.
Pero es evidente que con esas palabras Cristo no excluye a todos los pueblos de la tierra, pues vino por ellos expresamente y las últimas palabras con que confía la misión a los apóstoles son precisamente para enviarlos a hacer discípulos de todas las naciones.
Leamos pues los textos con la mirada interior, buscando en todas partes el amor de Dios que pasa por los textos del Antiguo Testament, porque es un movimiento lento que sube hacia Jesús.
Leamos pues los textos con la mirada interior, buscando en todas partes el amor de Dios que pasa por los textos del Antiguo Testamento, porque el Antiguo Testamento es un movimiento lento que sube hacia Jesús. Sube lentamente, lentamente, a través de muchas hesitaciones, muchos retrocesos, pero sube, sube. Y ése es su sentido: llevar hacia Jesús.
Dios se hizo palabra humana
Todo eso es sobrepasado en Jesús. Por eso no hay que leer jamás el Antiguo Testamento sino a través del Nuevo. Hay que leer todo eso a través del corazón del Señor, como se ha dicho magníficamente que « una de las mayores pobrezas de Dios es haber aceptado hacerse palabra humana ».
Aceptó hacerse palabra humana. Aceptó caricaturas de él que son indignas de él, pero que eran necesarias para una humanidad primitiva y bárbara que se debía elevar por encima de su miseria y de su estiércol y que era necesario tomarla allá donde estaba.
De la noche mística a la luz en que el alma se reposa
Además, san Juan de la Cruz nos da la exégesis de esa situación y de la manera más clara y profunda, san Juan de la Cruz, que es un poeta inmenso, uno de los más grandes poetas de todos los tiempos y la gloria de la literatura española. Ustedes saben que San Juan de la Cruz al estudiar las noches místicas, las noches terribles que constituyen una especie de infierno para ciertos místicos – no todos, afortunadamente – pero ciertos místicos pasan por esa especie de infierno que es un túnel tan oscuro, tan doloroso que les da la impresión, dice san Juan de la Cruz, de que Dios se encarniza, se encarniza contra ellos con una especie de enemistad implacable. En resumen, tienen la impresión de que Dios se les ha hecho enemigo. Tienen también la impresión de haberse convertido en enemigos de Dios, de que jamás podrán unirse con él, de estar como separados definitivamente de él y, en ese estado, su condición es tan miserable, dice san Juan de la Cruz, que no pueden recibir ninguna consolación. Es inútil querer avivar su esperanza, porque en esa especie de escrúpulo invencible, tienen siempre la impresión de que no ser comprendidos o de ser comprendidos sólo a medias y de que nadie puede compartir y medir la inmensidad de su sufrimiento.
Pero llega justamente un día en que las purificaciones a que han sido sometidos en el túnel, llega un día en que « surge la luz ». Salen del túnel, desembocan en plena luz y en esa luz vuelven a encontrar, o mejor, encuentran el verdadero rostro de Dios. Y lo ven como un rostro de amor, lo ven como un rostro nupcial, lo ven como un rostro de ternura y entran justamente en lo que los místicos llaman las nupcias espirituales y avanzan hasta el matrimonio de amor en que todo es consumado, en que el temor es echado fuera, y en adelante el alma se reposa en una luz y una vida ya es sólo intercambio de persona a Persona, como un Cantar de los Cantares que es el término de la más elevada santidad.
Todo lo que no es rostro de amor es solo reflejo de nuestras imperfecciones
El alma sabe que el verdadero Dios es todo amor…, que solo tiene un rostro, el del final, que es el del alba pascual – y que todo lo demás, todo lo que encontramos en la biblia…, todo lo que no es ese rostro es simplemente el reflejo de nuestras imperfecciones y de la misericordia de Dios que se adapta a ellas.
Y entonces, el alma, mirando su historia, tratando de sobrevolar su pasado, se pregunta cómo pudo, en ese túnel, dar a Dios ese rostro de enemigo, ese rostro amenazante, ese rostro hostil que la crucificaba.
¿Cómo pudo darle ese rostro si el rostro que descubre ahora en la plena luz es un rostro donde no hay sino bondad y amor? Es, dice san Juan de la Cruz, que ahora en la luz, comprende que en la noche en que estaba, en la noche en que luchaba, envuelta en sus imperfecciones, enredada en su crisálida que se interponía entre ella y la luz, ella misma proyectaba sobre Dios su propio estado, sus propios límites, le daba a Dios su propio rostro, hacía de él el inventor de su miseria, cuando la miseria venía de ella misma. Ahora que ha salido del túnel, ya no es así. Sabe que el verdadero Dios es todo amor, que en él hay sólo ese rostro nupcial, ese rostro de madre, que tiene un solo rostro, el del término, el rostro del alba de pascua, y que todo el resto, todo lo que se encuentra en la Biblia, en el Evangelio, en las Epístolas, en el Apocalipsis, todo lo que no es ese rostro es simplemente reflejo de nuestras imperfecciones y de la misericordia de Dios que se adapta a ellas.
La Biblia es un sacramento. No es un libro, es Alguien
Pensar el catecismo a la luz de un amor maternal de Dios
Entonces nunca, nunca, digamos a los niños que Dios es el del capítulo 26 del Levítico. Comencemos por el rostro del Nuevo Testamento, y a través de ese rostro, cuando hayamos tratado de imprimirlo en su corazón, cuando estén seguros de ir hacia un amor infinitamente más maternal que el de la madre más tierna, entonces podremos contarles cómo se representaban a Dios en el Antiguo Testamento, en diferentes épocas, cuando tenían tanto miedo de Dios que al pie del Sinaí el pueblo decía: « ¡Sobre todo, que no nos hable Dios, que no nos hable Dios! ¡Que nos hable Moisés, pero no Dios, porque si Dios nos habla moriremos! » (Ex 20, 19). Como el profeta Isaías, en su visión inaugural, tiene la impresión de que va a morir porque es indigno de encontrarse ante Dios.
Hay pues que pensar de nuevo todo el catecismo en esta perspectiva. No hay que hacer creer a los niños que ese estadio primitivo representado por el Génesis – es decir el primer libro de la Biblia y todos los que lo siguen – que ese primer estadio primitivo corresponde a la verdad definitiva. Era un primer aproche, que era verdad en la medida en que era movimiento hacia Dios, pero que es falso si lo cerramos ahí como verdad última.
Del huerto del Edén al de Getsemaní
Si presentan a los niños la historia del pecado original bajo el aspecto de un señor que prohibió acceder a su hermoso huerto…, si se limitan a eso, no tienen en cuenta el otro huerto que es el huerto de la agonía… Porque en el huerto de la agonía es donde aprendemos lo que significa el primer huerto.
Es claro que si presentan a los niños la historia del pecado original bajo el aspecto de un señor que prohibió acceder en su hermoso huerto a los árboles más hermosos que son el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal, porque él es el dueño y tiene derecho de ponerle condiciones a la felicidad, si les cuentan la historia de esa manera, concluyendo que fue porque Adán y Eva comieron del fruto prohibido por lo que fueron castigados y nosotros también, si se limitan a eso, no tienen en cuenta el otro huerto que es el huerto de la agonía, pues, finalmente, en el huerto de la agonía es donde aprendemos lo que significa el primer huerto.
En el abandono de nuestro Señor, en la soledad infinita en que se revela plenamente el amor infinito de Dios, comprendemos las palabras de Pascal cuando decía: « Jesús estará en agonía hasta el fin del mundo. No hay que dormir durante ese tiempo« . Esas palabras hay que ponerlas en relación con el origen del mundo: el cordero es inmolado desde el comienzo, como dice el Apocalipsis, desde el comienzo del mundo; desde el comienzo del mundo Jesús está en agonía porque justamente el pecado es ante todo, esencial y únicamente, un rechazo de amor.
Dios no quiso poner al hombre a prueba para hacerle sentir su poder. Dios le presentó al hombre sus nupcias. Le presentó al hombre el matrimonio de amor que no cesa de ofrecer a través de todos los siglos, y el primer pecado fue el primer juicio de Dios por el hombre, el primer rechazo, la primera condenación, la primera crucifixión, y lo que debemos retener justamente del primer capítulo del Génesis, a la luz del segundo huerto, del huerto de la agonía, es el grito de la inocencia de Dios, que atraviesa toda la Biblia y resuena en el calvario, y será escuchado hasta el fin de los siglos, el grito de la inocencia de Dios.
No fue Dios el que inventó la muerte, no fue Dios el que inventó el sufrimiento, no fue Dios el que inventó el dolor, no fue Dios el que inventó el mal: todo eso vino a pesar de Dios y él es su víctima, como cordero inmolado desde el comienzo del mundo.
Releer la biblia bajo la luz de Cristo
La Biblia debe absolutamente ser leída bajo la luz de Cristo. Además, la Biblia es un sacramento, como tendremos ocasión de precisarlo. La Biblia es un sacramento. No es un libro, es Alguien, es alguien. Y la Imitación lo dice de manera admirable hablando del banquete eucarístico y del banquete de las escrituras, ya que en uno y otro recibimos y comemos la palabra eterna de Dios. En los dos banquetes recibimos al Verbo de Dios que es Jesús. El verdadero sentido de las Escrituras es Jesús. Y ese libro es una Persona, y hay que leerlo como una confidencia, como la confidencia de una madre que cuenta cómo se adaptó a bárbaros, a salvajes, a primitivos, cómo se adaptó a gente que progresaba para ir más lejos, a seres que comenzaban a amar, que iban aún más lejos, hasta que por fin brillara la plena luz, el pleno medio día de la verdad en la humanidad de nuestro Señor.
Y por otra parte, eso lo sentimos al leer en la misa los bellos textos integrados en la liturgia, textos que pueden ser tomados de cualquier lugar (de las escrituras), de cualquier lugar…
Jamás es la Biblia tan hermosa como en la liturgia
No los leemos en el sentido literal, sino en el sentido eucarístico. (Por ejemplo), hay un texto admirable para la fiesta de la preciosa sangre de nuestro Señor, que dice: « ¿Porqué es rojo tu vestido y tus ropas como las del que pisa en el lagar? » (Is. 63:12). Cuando uno lee esta imagen en el breviario o en la liturgia es algo magnífico que nos hace pensar inmediatamente en la ternura infinita del cordero inmolado.
Cuando lo leemos en Isaías, se trata del lagar de la ira de Dios justamente, en que la gente es pisada y brota la sangre, brota del lagar, como la sangre del racimo de uvas bajo los pies del que pisa la vendimia. Es otra cosa muy distinta. Pero la Iglesia conservó muy justamente la primera imagen, la integró en el misterio de Jesús, porque su verdadero sentido es, finalmente Jesús, como el sentido de todo. Y además la Biblia no es jamás tan hermosa como en la liturgia.
Al principio a veces nos choca la lectura del texto de la Biblia. Puede chocarnos mientras no pensemos que se trata de pedagogía y de adaptación, de misericordia y de pobreza, ya que Dios se hizo palabra humana. Pero en la liturgia de la misa jamás nos choca, porque todos los textos están integrados en el misterio de Jesús y se hacen vivos bajo su luz. Entonces todo está animado con su Presencia y late con los latidos de su corazón.
Y eso es: en cada palabra de la Biblia están los latidos de su corazón. Y si la leemos en ese espíritu sólo vemos su rostro y sólo sentimos su amor.
El verdadero rostro de Dios lo encuentran a la luz de pascua, en el silencio de la adoración, escuchando dentro de ustedes la música… que percibe aquél que ya no hace ruido consigo mismo.
Pero, justamente, ya que todo el mundo no ha sido introducido en la confidencia, no hay que prodigar esos textos delante de todos. Y al enseñar el catecismo no hay que dar nunca esa visión de Dios como última. Se trata de una visión de Dios en una época, y el verdadero rostro de Dios se encuentra precisamente a la luz de la pascua, se encuentra en el silencio y en la adoración, se encuentra escuchando dentro de ustedes la música de que habla magníficamente la Escritura, sabiendo que la verdadera palabra de Dios sólo se puede escuchar estando enraizados en su intimidad y acordados con los latidos de su corazón, entonces podremos escuchar la música que percibe el que ya no hace ruido consigo mismo y a propósito del cual nos dice la Escritura: « No impidan la música… » (2)
Comentario: La invitación final de Zúndel en la conferencia converge con la oración del poeta indio Tagore: “Señor, ayúdame a hacer de mi vida algo sencillo y recto, como la flauta de caña y su soplo musical con que inspiras mi alma.”
(1) Nota. « Dies iræ » Día de cólera, en latín. Poema sobre el tema de la ira de Dios el día del Juicio Final de la época medieval. Predicación de temor de inspiración apocalíptica.
(2) Referencia posible a Sirácida (Eclesiástico) 32:3 en latín: « Non impedias musicam » “Habla, anciano, porque te conviene, pero con justeza y doctrina, y sin impedir la música. Cuando se escucha música, no prodigas palabras, no expongas tu sabiduría a contratiempo.” Divisa de Paul Claudel.