Resumen: Se ha representado a María desmayándose al pie de la Cruz, pero ella es solo una mirada de consuelo para su Hijo. Hay que guardar sus penas para sí mismo y ofrecer a los demás una sonrisa.
María al pie de la Cruz
Varios renacentistas, entre otros Rafael, representaron “il Spasimo della Virgine” lo que se designa como el Desmayo de la Virgen, el desfallecimiento de la Virgen al pie de la Cruz. Imaginaron que se desmayó en los brazos de quienes la acompañaban no pudiendo soportar el sufrimiento.
Nada más contrario a la Virgen, cuya vida toda expresa fortaleza, virilidad y silencio. Hay un drama de la Virgen y José. El drama humano que es el secreto de Dios que los va a separar pues José ha decidido abandonar a María y la Virgen sabe que tendrá que soportar el oprobio de todos si José la abandona. Porque no puede divulgar el secreto de Dios que le ha sido confiado. Ella calla y acepta.
Al pie de la Cruz, ella no piensa en sí misma sino en su Hijo. Ella es solo una mirada hacia él, quiere consolarlo, ayudarle a soportar la Redención del mundo. Lo trágico de los santos es que no pueden dejarse llevar por fallas, por desmayos, sino que guardan un silencio de caridad. Al Stabat (1) de la Cruz es necesario oponerle su actitud en las bodas de Cana (Jn 2:1-11), su gracia, su solicitud. Hace comprender la molestia de los jóvenes esposos e intercede con toda su gracia, su ternura, su proximidad, mil matices de la vida cotidiana.
La fortaleza de no cargar a los demás con sus penas
Estamos celebrando la fiesta del santo Rosario (2). Todo parece sencillo, fácil, gracia y plenitud de la vida cristiana que es el Rosario. Guardar sus penas para sí mismo y dar a los demás una sonrisa. La virilidad de los santos consiste en llevar en silencio la cruz y no hacerla sentir a los demás.
Santa Teresa del Niño Jesús, que fue tan profundamente crucificada, decía: “Cuando lloro, mi paz está en ocultarlo a mis hermanas y sonreír. Y ahora, la sonrisa se ha vuelto un hábito.” La nobleza de la vida cristiana: ser fuente de alegría para los demás.
Cortesía y bondad para los demás
Es muy duro sentir sus límites. Esperar a los demás en la encrucijada de la vida en que se volverán hacia Dios. Hay pues que comenzar por el principio: estar lleno de cortesía para los demás.
Una antigua leyenda cuenta que el Arcángel san Miguel se disputaba con el diablo el cuerpo de Moisés. San Judas dice: “Miren a san Miguel combatiendo, él no insulta al diablo que es un ángel caído” – “Que te corrija Dios si quiere, yo me inclino ante ti con respeto, porque eres un ángel caído.” En todos hay una posibilidad de esperar: “Floreced, flores y bendecid al Señor.”
El ejercicio de la sonrisa
Pidamos a nuestra Señora del Rosario tener la virilidad, el poder de silencio y discreción, entrenándonos a sonreír, la sonrisa que debemos presentar a los demás, modelando el rostro en una actitud de bondad, para ser para ellos espacio y generosidad, a fin de que todo lo que es gracia en nosotros sea lleno de gracia para ellos a fin de prevenir los juicios temerarios, las maledicencias y calumnias.
Repitamos pues la oración del Rosario: “Floreced, flores, ofreced el perfume de vuestro follaje y glorificad al Señor en vuestras obras.”
(1) En el misal romano, el himno Stabat Mater, la Madre estaba de pie¸ evoca el sufrimiento de María en la crucifixión. Tema de la Madre Dolorosa o de Nuestra Señora de los Dolores.
(2) Se celebra el 7 de octubre.