La verdad-luz (1) es informulable y no procede de ninguna técnica, pero toda técnica la necesita. Sin ella solo hay objetos contra objetos, trozos de universo contra trozos de universo, historia contra historia, etc. No hay nadie.
Entro en mi intimidad en el momento en que entro en el diálogo. No hay que anexar la Verdad-luz a las verdades-ladrillo (2), y en nuestro estado cero siempre tratamos de hacerlo, solo podemos hacer eso. El Evangelio, los sacramentos, todo servirá solo a consolidar el estado cero (3). La razón no es sino un instrumento de esclavitud, mientras no sea liberada.
Si hemos hecho la experiencia, solo podemos vivirla y continuarla. Eso es todo. Es nuestro devenir. La Verdad-día, es el yo fundamentado en ella.
Fijador de luz
El genio es el ser que ha dado un momento al Otro la capacidad que es. En la obra maestra hay ese momento de humanidad. La obra maestra es una ofrenda que permanece oblación lírica, como dice el título de una obra de Tagore. Es un fijador de luz. A genio, luz, santidad, corresponde nuestra liberation.
La santidad está en la misma línea: es una disponibilidad más continua en los santos, como un haz de luz, mientras en los demás solo hay puntos luminosos. El santo es un fijador de luz. Hay desde luego grados en la continuidad y en la transparencia.
El revelador
El revelador es el mismo. Cualquiera puede decir que ha visto a Dios: es un objeto ante mí, eso es todo y nada más. Pero solo me conmuevo cuando la dimensión de amor, la generosidad, brilla, me invade y me transforma. El Padre Damián, apóstol muy estrecho de mente, enseña un catecismo insoportable pero cuando deja fumar su pipa a los leprosos haciendo como si no lo viera, su generosidad se abre al infinito. El revelador es un liberador o no es nada.
La Revelación no será jamás explicación, sistema o doctrina. Tendrá que presentarse en parábolas, que solo tendrán sentido si la corriente pasa. El sentido mismo de la Revelación será la superación de todas las fórmulas. Habrá proposiciones, frases y palabras con valor de inducción, de inductores, pues el revelador no propone un objeto sino una luz, una clave.
Un devenir, una presencia, lo que es Él
No hay demostración sino devenir: “Es necesario nacer de nuevo”, dice Jesús a Nicodemo; y a la samaritana: “En ti debe brotar una fuente que mana hasta la vida eterna”. No se trata de saber si un sistema religioso es mejor que otro, sino si un testigo religioso me da luz. Si una revelación es camino hacia la luz, eso es suficiente.
Una sola dirección: hacia nuestra liberación. Eso es Cristo: mi experiencia. Es impresionante ver cómo evolucionan las fórmulas evangélicas: el juicio de Cristo en los sinópticos es una escena judía, un tribunal judío, un hombre acusado en proceso religioso y nacionalista. Pero Cristo afloja el nacionalismo con su Reino interior: aparece así como falso mesías. Entonces cita a Daniel: “Vendrá sobre las nubes del cielo”.
Al contrario, san Juan solo evoca: “Mi Reino no es de este mundo” y la “Verdad”. No habla del retorno de Jesús. Hay como un cambio de posición. En Cristo había como una perspectiva hacia adelante: no les puedo decir todo. La primera generación cristiana se contenta con lo escrito, copia de una historia pasada y provisoria.
El acontecimiento Cristo es lo que permanece. Las palabras pueden desaparecer, no es eso lo importante. Cayeron la sinagoga y la circuncisión: primeros cambios. Ya no se insiste sobre el retorno de Cristo sino que él se convierte en el objeto de su amor y toda su perspectiva y centro de la vida cristiana es ahora “Mi Carne, Mi Sangre”.
No hay informaciones sino Presencia, luz, exigencia. Ni informaciones ni enseñanza. Lo importante es esencialmente lo que es, no lo que dice. Es orientación, liberación, evangelio de fuego, Pentecostés.
Notas
(1) La Verdad-luz es la verdad informulable. Es una verdad que no se puede aprender. Es una verdad que debemos ser. Solo la conocemos cuando la somos. Ya no somos los mismos cuando nos encontramos ante la Verdad-luz. Por fin respiramos el aire de nuestro nacimiento, reconociendo precisamente la Verdad-luz en que ella es nuestra liberación.
Y desde luego, si no hemos hecho la experiencia de la liberación, eso no significa nada. Eso no se demuestra, se experimenta. Hay seres capaces de acercarnos al fin, a la Verdad-luz: son los genios y los santos.
Verdad, liberación, generosidad, interioridad, cambio de nivel, cambio de ser: son las mismas perspectivas.
(2) La verdad-ladrillo es la verdad explicativa que ofrece en una época dada una posibilidad de construir el universo; verdad de construcción, verdad de ingeniero. Suponiendo desde luego que el universo responde según las preguntas que le plantea el hombre, es decir según la escala determinada por los instrumentos de cálculo y experimentación. La Verdad-ladrillo permanece en la superficie y como al exterior.
(1 y 2) Ejemplo muy sencillo: una catedral. Están en la catedral de Chartres, la visitan, bajan a la cripta, suben a la torre. Esa enorme construcción de piedra supone una verdad-ladrillo, una ciencia de ingeniero consumada. Pero esa verdad-ladrillo, que es absolutamente indispensable, no es lo que nos da en la catedral la impresión de un universo. Si tenemos la sorpresa de descubrir que en ese recinto limitado no tenemos al contrario el sentimiento de los límites ni el sentimiento del peso, si descubrimos en ella un espacio sin límites todo de gracia y ligereza, en que nos perdemos en una Presencia que viene a nuestro encuentro, es porque precisamente hemos descubierto en la catedral otra verdad que es una Verdad-luz. (Conversaciones de Ecogia 1950)
(3) El yo-cero se confunde con la biología: yo-peso, yo egocéntrico.
Se opone al yo-valor en que tiene su misterio la persona. Liberarse del yo-cero es salvarse de sí mismo. No es posible sino bajo la imantación de una generosidad sin fronteras que nos universaliza en su inmensidad.
Separarse de Dios es recaer en el yo-cero y dejar de existir humanamente. El pecado que es rechazo del amor es también rechazo de existir. (Notas manuscritas, Viège 1950; Libro La pierre Vivante (La piedra viva) ).